Los desatentos/desatendidos
El ADD – ADDH (de la sigla en inglés Atention Deficit Disorder - Atention Deficit and Hiperactivity Disorder) es un trastorno que se presenta con déficit de atención, y de la autoestima, impulsividad y en algunos niños con hiperactividad. El diagnóstico de ADD y ADDH ha alcanzado gran difusión mediática y práctica, primero en Estados Unidos y luego en otros países, como el nuestro. Desde hace algunos años el ADD es muy popular. Aparece íntimamente ligado al suministro de ciertas medicaciones como terapéutica central para niños y jóvenes que sufren de este “disturbio” que parece adquirir carác
ter epidémico, y que preocupa a psicólogos, psicopedagogos, maestros y padres.
Un potente aparato propagandístico funciona alrededor de este “mal” y su tratamiento. Los laboratorios reparten folletos entre padres y docentes, y libros para colorear en los consultorios; se realizan charlas explicativas; los profesionales viajan al exterior para tomar cursos al respecto; y los medios de comunicación realizan diferentes informes sobre “el problema de los niños de hoy.”
Sin embargo, no hay prueba científica que documente que un niño padece ADD o ADDH, pero sí hay una forma simple de saber si no lo padece: ¿Cuántas horas puede quedarse frente a la computadora, los videojuegos o la TV?. Si la respuesta es “las horas que se lo permitan”, entonces se trata de un déficit de atención a los temas que no le interesan, pero no es “un ADD”.
Una nueva línea de investigación, a la que adhiero, intenta profundizar este punto de vista sobre esta “patología” en boga, en parte mostrando los “vacíos” del diagnóstico neurológico y su posterior medicación, y en parte dando cuenta de que los parámetros respecto de que es un niño (y un alumno) ya no son apropiados para comprender al niño de hoy, que deviene sujeto de una sociedad que lo bombardea con estímulos continuamente pero que intenta seguir “educándolo” según conceptos decimonónicos.
Para pensar.
ter epidémico, y que preocupa a psicólogos, psicopedagogos, maestros y padres.Un potente aparato propagandístico funciona alrededor de este “mal” y su tratamiento. Los laboratorios reparten folletos entre padres y docentes, y libros para colorear en los consultorios; se realizan charlas explicativas; los profesionales viajan al exterior para tomar cursos al respecto; y los medios de comunicación realizan diferentes informes sobre “el problema de los niños de hoy.”
Sin embargo, no hay prueba científica que documente que un niño padece ADD o ADDH, pero sí hay una forma simple de saber si no lo padece: ¿Cuántas horas puede quedarse frente a la computadora, los videojuegos o la TV?. Si la respuesta es “las horas que se lo permitan”, entonces se trata de un déficit de atención a los temas que no le interesan, pero no es “un ADD”.
Una nueva línea de investigación, a la que adhiero, intenta profundizar este punto de vista sobre esta “patología” en boga, en parte mostrando los “vacíos” del diagnóstico neurológico y su posterior medicación, y en parte dando cuenta de que los parámetros respecto de que es un niño (y un alumno) ya no son apropiados para comprender al niño de hoy, que deviene sujeto de una sociedad que lo bombardea con estímulos continuamente pero que intenta seguir “educándolo” según conceptos decimonónicos.
Para pensar.
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